¿Cómo elegir las botas de invierno perfectas para tu hijo?

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08. Jan'17

Encontrar las botas de invierno perfectas y, sobre todo, adecuadas para tu hijo —entre un sinfín de marcas, estilos, materiales y motivos con o sin personajes de cuento— a veces es más difícil que resolver un acertijo matemático. ¿Cómo plantar cara a este dilema?

Las botas de invierno de los niños tienen que cumplir, principalmente, tres requisitos fundamentales: estar bien abrigadas, ser cómodas y resistir la humedad. Solo entonces podrás empezar a mirar el diseño, el color, el acabado general o el personaje de cuento que lleven estampado. Al mismo tiempo, piensa en qué función va a cumplir el calzado. ¿Le va a servir a tu hijo solo para pasear o tiene que ser apto también para jugar y correr por la nieve?

Zapatos de invierno para niño

La salud del niño es lo primero

La bota debería quedar bien también debido a que el piecito infantil todavía se está desarrollando. Comprando calzado inocuo para la salud puedes evitar en el futuro diversas deformaciones que podrían aparecer en tus niños, como varios tipos de hongos, problemas de pies planos o arco plantar elevado, mala circulación sanguínea, varices o dolores de articulaciones y tendones.

El “calentamiento” natural

Si quieres que el niño tenga los pies agradablemente calientes, fíjate en el aislamiento de las botitas. No dudes en palpar todo el interior del zapato, incluida la zona de los dedos. Estos son los más sensibles al frío, por lo que el calzado debe tener un buen forro también en estos puntos, independientemente de si se trata de botas para la nieve o de zapatos con los que tu pequeño "solo" corre de casa a la guardería.

Pero esa no es la única condición. Aunque parezca que no tiene relación, mantener los pies calientes depende, sobre todo, de que el calzado tenga el tamaño óptimo. ¿Pensabas que es la propia bota la que calienta el pie? Error: esa función la cumple el calor corporal que se genera en su interior. Por eso es fundamental que la bota esté diseñada de manera que retenga ese calor y no lo deje escapar. Un calzado inadecuado provoca justo lo contrario. Si la bota es demasiado pequeña, no deja espacio para que el calor se acumule y, por lo tanto, no abrigará el pie lo suficiente.

La bota grande: doble problema

Sin embargo, muchos padres tienen la tendencia contraria: comprar botas más grandes con la esperanza de que les duren más tiempo. Pero lo único que consiguen así es un efecto similar, ya que un pie pequeño no genera suficiente calor para calentar el «gran» espacio de la bota, y el calor termina escapándose. Además, si compras una talla mayor de la cuenta, las botas se desgastarán más rápido. Como no se ajustan bien al pie, el niño empezará a arrastrar los pies al caminar y se desgastará enseguida no solo la suela, sino también el forro interior de la bota.

Botitas infantiles para la nieve

¿Cómo probar las botas?

  • El momento ideal es por la tarde, hasta el atardecer, cuando los pies están cansados e hinchados, de modo que el riesgo de comprarle al niño unas botas pequeñas se reduce al mínimo.
  • Las botas deben ser fáciles de poner y quitar, de modo que un niño de guardería pueda hacerlo solo y sin esfuerzo. De lo contrario, os estaréis preparando, tanto a ti como a tus pequeños, unas mañanas infernales con el simple hecho de calzarse.
  • Como norma general, el modelo debería dejar un espacio libre de medio centímetro en la parte delantera —el ancho de un pulgar—, pero el talón debe ajustar a la perfección y no rozar al caminar.
  • Cuando tu pequeño se esté probando un modelo concreto, déjale que camine por toda la tienda o que incluso dé unos trotes.
  • El niño no debería arrastrar los pies y, menos aún, quejarse de dolor. Esas son las primeras señales de que las botas no son en absoluto adecuadas.

Un buen aislamiento

El forro o la plantilla de la bota también juegan un papel importante. Lo ideal es un material natural que permita al pie «respirar» libremente. Sin embargo, si compras botas con forro natural, es mejor que el pie quede, por así decirlo, justo a la medida, ya que este tipo de material suele apelmazarse un poco al caminar. Por el contrario, los materiales de alta tecnología conservan su forma incluso tras un uso prolongado; gracias a esto, el forro no se deforma y no se crea un espacio libre excesivo alrededor del pie por el que pueda escaparse el calor.

Pies siempre secos

El tercer atributo es la capacidad de proteger el pie de la humedad. Grábate esto a fuego: pies húmedos equivalen a pies fríos. Sin embargo, hay que diferenciar dos conceptos: la resistencia al agua y la impermeabilidad. Mientras que en el primer caso hablamos de botas con las que los niños pueden correr sin problemas bajo una lluvia fina o sobre una capa fina de nieve, el segundo tipo de calzado garantiza que el agua no llegará a los pies ni siquiera al caminar por la nieve profunda o bajo un diluvio.

No te fijes solo en las recomendaciones del fabricante, sino también en el acabado de la bota. Fíjate bien en cómo están cosidas las distintas piezas, en la unión entre la suela y la parte superior, y en cómo están resueltas la zona de los cordones o la cremallera, que son los puntos más críticos por donde puede entrar la humedad.

Asegúrate también de comprobar hasta dónde llega la capa impermeable de la bota. Algunos modelos solo la llevan en la parte inferior, pero no en la zona de la pantorrilla. Lo ideal son, por ejemplo, las botas de nieve que cuentan con un acabado impermeable en toda la altura de la caña.

Por supuesto, el calzado también debe ser lo suficientemente transpirable como para poder evacuar el exceso de humedad provocado por el calor corporal y el sudor de los pies. Si el interior de la bota ya huele mal al mirarla en la tienda o después de probársela por primera vez, significará que está forrada con material sintético y, por tanto, no será una buena elección.

Calzado seguro

La suela debe estar fabricada de manera que evite resbalones accidentales en superficies resbaladizas y, por lo tanto, posibles caídas. Lo ideal es un diseño con estrías marcadas a lo largo de toda la superficie, especialmente en la zona del talón. Además, debe ser flexible pero, al mismo tiempo, lo bastante resistente como para no agrietarse fácilmente ante un mayor esfuerzo. Recuerda: cuanto mejor sea la calidad de las botas que compres, más seguros se sentirán tus hijos durante sus juegos invernales al aire libre.

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