Cocinar y hornear fascina a los niños desde pequeños y los anima a interesarse por la preparación de los alimentos, los ingredientes con los que se elaboran y, más adelante, por un estilo de vida saludable. Para los más pequeños, la cocina es un lugar donde pueden experimentar, desarrollar su imaginación, ejercitar todos los sentidos y formar parte activa de la vida familiar. Sin embargo, involucrar a los niños en los secretos del arte culinario debe hacerse de manera gradual.
La participación en la cocina es algo muy individual en cada niño. Mientras que algunos se interesan activamente por lo que ocurre junto a la estufa desde temprana edad y siempre quieren saber qué está burbujeando en las ollas, para otros cocinar puede resultar aburrido. El impulso básico, sin embargo, viene de los padres. Si un niño observa a su madre o padre moverse por la cocina, revisar constantemente el horno para ver si el pastel está listo, se sentirá naturalmente atraído a preparar sus propios platos.
Varios dietólogos coinciden en que los niños que preparan comidas por sí mismos o con ayuda de sus padres se interesan menos por la comida rápida o los productos precocinados. Si su familia intenta alimentarse de forma saludable, desde pequeños desarrollarán papilas gustativas acostumbradas a comidas con un contenido normal de sal y azúcar, y tendrán menos deseo de dulces poco saludables o bebidas carbonatadas azucaradas. Preparar la comida y comer juntos también permite conservar buenas tradiciones familiares y aprender a funcionar como familia.

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La cocina es una escuela genial
- Los niños en la cocina se familiarizan con cosas básicas. Descubren de dónde provienen los distintos alimentos o ingredientes, qué nutrientes o vitaminas contienen, para qué son buenos y cómo se pueden preparar o aprovechar de otras formas.
- Gracias a cocinar, aprenden a valorar la comida. Se dan cuenta de que los alimentos no son gratis y que no se deben desperdiciar, y que para prepararlos se necesita no solo esfuerzo, paciencia y tiempo, sino también ciertas habilidades, como cultivar sus propias frutas y verduras en el jardín.
- Cocinar es uno de los primeros pasos de los niños hacia la independencia. Si aprenden a preparar sin problemas al menos platos sencillos, no dependerán completamente de otros ni de la comida de restaurante.
- Preparar comida con sus propias manos fortalece la confianza en sí mismos. Incluso un simple puré de patatas requiere cierta destreza, y hornear un buen pastel no es tarea de cualquiera. Si los niños reciben elogios por sus creaciones, se sentirán hábiles, útiles y querrán involucrarse en la preparación de más platos o, al menos, ayudar.
- Cocinar requiere mucha paciencia y disciplina, pero más adelante también se desarrolla la creatividad. Estas cualidades acompañarán a los niños a lo largo de la vida.
- Los pequeños chefs aprenden a manejar correctamente los electrodomésticos, lo que también fortalece su destreza técnica.
- Mientras cocinan, no solo se divierten, sino que de forma subconsciente aprenden muchas cosas útiles. En la práctica aplican bases de matemáticas y física: cuentan ingredientes, ajustan la balanza, convierten unidades, determinan proporciones adecuadas y controlan el tiempo necesario para preparar los alimentos.
- Durante la preparación, los niños manipulan los ingredientes directamente, mejorando sus habilidades táctiles y motoras. Aprenden a amasar, mezclar, verter, reconocer la densidad de los ingredientes y perfeccionan su precisión al cortar.
- Se refuerza el sentido estético al emplatar la comida. Los niños descubren el encanto del “food styling”, es decir, de colocar los alimentos en el plato, y al mismo tiempo desarrollan buen gusto, paladar y aprecio por la comida de calidad.
- Aprenden a comunicarse con otros miembros del hogar. En la cocina es necesario seguir ciertos procedimientos, atender instrucciones y repartir el trabajo, por lo que la comunicación es indispensable.
- La limpieza que sigue después de cocinar enseña a los peques responsabilidad. Aprenden que cocinar y comer no termina el trabajo en la cocina: hay que lavar los platos (o ponerlos en el lavavajillas), secarlos y guardarlos en su lugar.
¿Cuándo y cómo involucrar a los niños en las tareas de cocina?
Los niños pueden estar con los padres durante la preparación de los alimentos desde la más temprana edad. Aunque los bebés todavía no sujetan bien la cuchara, pueden sentarse en la trona o llevarlos en portabebés o mochilas. Aunque parezca que los más pequeños solo piensan en comer, perciben muchas cosas desde los primeros años de vida, y de manera muy intensa.
En la cocina aprenden, por ejemplo, a reconocer distintos aromas, y todo lo que sucede en la zona de cocción les brinda nuevos estímulos interesantes: los sonidos de la batidora, el tintineo de los vasos, el hervor en la olla o el silbido del hervidor eléctrico. Para ti, esto también ofrece un mayor espacio para comunicarte con tu bebé, lo cual es muy positivo.
Los niños de dos años son muy curiosos y llenos de energía. Aunque requieren supervisión constante, pueden ayudarte a lavar frutas y verduras, arrancar hojas de lechuga, separar el brócoli o la coliflor en trozos y colaborar en la preparación de la mesa. Dales un paño para limpiar la mesa y pídeles que te traigan algunos ingredientes. Los niños disfrutarán trayendo los ingredientes que necesites, incluso de la nevera, siempre que estén a su alcance.






